🔥 El cuervo y el fuego
Tiempo de lectura: 3 minutos.
📖 Un cuento para edades de 7 a 12 años.
⏳ Tiempo de lectura: 6 minutos.
📝 Una joven de larga cabellera vive aislada hasta que un encuentro cambia su destino.
🗂️ Clasificado en: 📚 Cuentos clásicos
Había una vez un hombre y una mujer que deseaban tener un hijo desde hacía mucho tiempo. Y por fin, un día, la mujer quedó embarazada.
Desde la ventana de su casa podía verse un huerto magnífico, lleno de flores y verduras, rodeado por un muro muy alto. Aquel huerto pertenecía a una poderosa bruja, conocida por su fuerza y su maldad.
Un día, la mujer se asomó y vio un cantero lleno de ruiponces, una planta de hojas tiernas y verdes parecida a la lechuga o a la escarola. De repente sintió unas ganas intensas de comerla. Cuanto más la miraba, más crecía su deseo, hasta que empezó a languidecer.
Su marido, al verla tan pálida y débil, se preocupó mucho. Pensó:
—Si no le doy de esos ruiponces, morirá.
Así que, al caer la noche, saltó el muro del huerto, arrancó un puñado de hojas y se las llevó a su esposa. Ella preparó una ensalada y se la comió con ansias. Estaba tan deliciosa que al día siguiente quiso más.
El hombre, para complacerla, volvió a entrar en el huerto. Pero esta vez, al agacharse para cortar las hojas, apareció la bruja.
—¿Cómo te atreves a robar de mi huerto, ladrón? —gritó furiosa—. ¡Pagarás por ello!
El hombre, temblando, le explicó que lo hacía solo porque su esposa estaba embarazada y tenía antojo de ruiponce. La bruja, entonces, se calmó un poco y dijo:
—Está bien. Te dejaré llevarte todos los ruiponces que quieras, pero con una condición: cuando nazca el hijo que esperáis, me lo daréis. Lo cuidaré como una madre.
El hombre, aterrorizado, aceptó. Y cuando la mujer dio a luz a una preciosa niña, la bruja apareció, la tomó en brazos y se la llevó. Le puso por nombre Rapunzel, como la planta que había sido el origen de todo.
Rapunzel creció y se convirtió en la más hermosa de todas las muchachas, con una larga cabellera de oro fino que caía hasta el suelo. Cuando cumplió doce años, la bruja la encerró en una torre en medio del bosque. No tenía puerta ni escalera, solo una pequeña ventana en lo alto.
Cada vez que la bruja quería entrar, se colocaba debajo de la ventana y gritaba:
—¡Rapunzel, Rapunzel, suelta tu cabello!
Entonces la muchacha desenrollaba sus trenzas, las enganchaba en un clavo de la ventana y la bruja trepaba por ellas hasta llegar arriba.
Pasaron los años, y un día un príncipe que cabalgaba por el bosque oyó una voz tan dulce que se detuvo a escuchar. Era Rapunzel, que cantaba para entretenerse en su soledad. El príncipe buscó la manera de entrar en la torre, pero no halló puerta alguna. Entonces, escondido entre los árboles, vio cómo la bruja llamaba:
—¡Rapunzel, Rapunzel, suelta tu cabello!
Y comprendió el secreto.
Al día siguiente, cuando cayó la noche, el príncipe se acercó a la torre y dijo con la misma voz:
—¡Rapunzel, Rapunzel, suelta tu cabello!
Rapunzel dejó caer su trenza dorada, y el príncipe subió. Al verla, se sorprendió de su belleza, y Rapunzel se asustó, pues nunca había visto a un hombre. Pero el príncipe le habló con dulzura, y pronto se ganaron la confianza el uno del otro. Le pidió que se casaran, y Rapunzel aceptó.
Desde entonces, el príncipe la visitaba cada noche, y ella le iba tejiendo una escalera con trozos de seda que él le llevaba para poder escapar juntos.
Pero un día, sin darse cuenta, Rapunzel habló con inocencia delante de la bruja:
—Madre Gothel, dime por qué me resulta más difícil subirte a ti que al joven príncipe. Él es tan ligero…
La bruja comprendió la traición. Furiosa, cortó la hermosa cabellera de Rapunzel y la llevó a un desierto, donde la abandonó para que viviera en miseria y dolor. Luego, ató las trenzas al clavo de la ventana y esperó al príncipe.
Cuando él llegó y gritó:
—¡Rapunzel, Rapunzel, suelta tu cabello!
La bruja dejó caer las trenzas. El príncipe trepó hasta lo alto, pero en lugar de su amada encontró a la bruja.
—¡Ja, ja, ja! —rió maliciosa—. ¡Nunca volverás a ver a Rapunzel!
Lleno de desesperación, el príncipe se arrojó desde la torre. Cayó sobre unos zarzales que amortiguaron la caída, pero las espinas le hirieron los ojos y quedó ciego. A tientas y con el corazón roto, vagó por bosques y desiertos durante años.
Mientras tanto, Rapunzel sobrevivía en soledad, y un día dio a luz a dos gemelos, un niño y una niña.
Pasado mucho tiempo, el príncipe errante llegó al desierto donde Rapunzel vivía. Escuchó su voz, la misma que había escuchado en el bosque, y la reconoció al instante. Se acercó, y Rapunzel, al verlo, corrió a su encuentro llorando. Dos lágrimas cayeron en los ojos del príncipe, y de inmediato sanaron sus heridas: pudo ver otra vez.
Él la llevó junto con sus hijos a su reino, donde fueron recibidos con alegría y vivieron juntos muchos, muchos años en felicidad.
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